Cuatro pasos, una persona de contacto por tu parte y las medidas cerradas antes de imprimir nada.
No vendemos un catálogo de láminas. Se parte de tu local y de tu destino: qué se ve desde aquí, a dónde manda la gente tu recepción, qué producto sirves y de dónde viene. De ahí sale qué foto va en cada pared y qué abre su código, que no siempre es lo mismo.
El resultado es tuyo: los lienzos, las plaquitas y las fichas, con tu marca. Puedes pedir más ejemplares o cambiar una foto sin volver a empezar.
Vemos las paredes, medimos y hacemos fotos del sitio. Sale de aquí cuántos lienzos caben, de qué tamaño y qué luz les da, que es lo que decide el acabado.
Elegimos las imágenes —de nuestro archivo del destino o tuyas— y escribimos lo que cuenta cada ficha. Lo revisas antes de que se imprima nada.
Mandamos una prueba impresa del acabado elegido. El color en pantalla y el color sobre lienzo no son lo mismo, y conviene verlo antes que después.
Impresión, montaje sobre bastidor, plaquitas y entrega listo para colgar. Si quieres, lo colgamos nosotros y dejamos la pared terminada.
No. La cámara del móvil ya lee códigos QR desde hace años, en Android y en iPhone: se apunta y sale el enlace. Lo que se abre es una página web normal, así que funciona igual en un móvil viejo que en uno nuevo, y no hay nada que descargar ni ninguna cuenta que crear. Es la diferencia entre que se use y que no.
Se cambia en la web y el código impreso sigue llevando al sitio correcto. El código no apunta a un texto: apunta a una dirección tuya, y detrás ponemos lo que haga falta en cada momento. Por eso una ficha puede cambiar de horarios, de fotos o de recomendación sin tocar el lienzo, que es lo caro.
Depende de cómo se ponga. Por eso el código no va sobre la foto sino en una plaquita aparte, del tamaño de una tarjeta, en metacrilato o madera, a la altura de la vista y a un palmo del lienzo. De lejos se lee como la cartela de un museo; de cerca es lo que invita a escanear. Un QR estampado encima de la imagen estropea las dos cosas.
Las dos cosas. Tenemos archivo propio del destino, y si prefieres usar las tuyas las preparamos para gran formato, que no es lo mismo que para una web: hace falta resolución, y una foto de móvil no siempre aguanta un metro veinte. Si lo que quieres no existe, lo vamos a fotografiar. Eso sí se presupuesta aparte.
Seis. Por debajo de esa cifra el coste de la visita, las fichas y la prueba de color pesa demasiado sobre cada pieza y sale caro sin motivo. Lo normal en un hotel pequeño son entre quince y treinta; en un restaurante, entre seis y doce. Si tienes una sola pared pero muy grande, hablamos y lo miramos.
Vamos, vemos las paredes y te devolvemos una propuesta con las fotos, las medidas y el presupuesto de los tres montajes.